Un año que se va por otro que vendrá

Contadas con los dedos de una mano. Las entradas del blog este año se pueden contar con los dedos de una sola mano y no hacen falta ni todos. Por suerte —o por desgracia— no tengo una legión de fans a la que defraudar, sino más bien visitas esporádicas en busca de soluciones a problemas con los que previamente yo me había ido topando y cuyos remiendos fui esparciendo por aquí.

No es que este año haya dejado de encontrarme situaciones a las que aplicar mi ingenio. Tampoco es que me haya convertido en un ser huraño que no quiera compartir lo que sabe. Ha sido la vida. Una ni mejor, ni peor. Nada espectacular, tampoco aburrida. La vida misma, simplemente. Proyectos elegidos a conciencia, que poco tienen que ver con el diseño gráfico y mis paranoias informáticas; añadidos accidentales que no tienes corazón para rechazar… y el día a día. Sucumbo con poco, me saturo rápido.

De esos proyectos, algunos laborales, otros no tanto, ya he comentado en alguna ocasión aquí el principal: Una de romanos, o de pre, para ser más exactos, o de ahí-ahí porque es de cuando la conquista. Una novelilla de apenas 250 páginas que ha consumido buena parte de mi tiempo, no diré que de mi esfuerzo porque no tengo la sensación de que me haya costado en exceso. Será porque llevo más de 10 años dándole vueltas al tema —no de seguido, claro está— y porque toda la documentación pertinente la fui recopilando por amor al arte. Lo que sí me cuesta es soltarla. Esa revisión final…

De los añadidos accidentales no he contado nada aquí, pero mis acosadores en las redes sociales (espero que sólo sean los recolectores de big data que rapiñan con fines publicitarios) sabrán que se trata de lo que hace meses era un tonelete con patas y ahora, un calambre meón: Mi perra, Dana. Su historia no es enternecedora más allá de sus expresivos ojos, no viene de ninguna perrera, ni la he sacado de la calle: Me la encasquetaron —de lo cual una al final siempre se alegra por todo el cariño que estas bolas de pelo dan— y no supe decir que no. Así que el año que pintaba de perlas para ir a la Comic-Con de San Diego (que, por cierto, el año que viene ya no será ahí sino en Los Ángeles) terminó siendo el de «gástate tu sueldo en pañoletas para el pis porque te ha tocado en gracia una pelusa monisérrima que reparte tanto amor como orín es capaz de procesar.»

Foto de mi perra con la típica cornamenta de reno de Navidad
Dana, el día del sorteo del Gordo, en 2015. Lo que un perro tiene que soportar…

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Adaptar el tamaño de una web a pantallas grandes con un simple zoom vía CSS

Mirad, lo que os voy a contar no es la más optima de las soluciones, pero sí es un recurso que en algún momento os puede ahorrar trabajo para salir del paso.

Hoy por hoy, todo es optimización para dispositivos móviles, de hecho la web va camino de tener que orientarse casi exclusivamente para ese tipo de pantallas, dejando las de sobremesa en un segundo lugar, ¿os suena eso del «mobile first«? Pero siempre está ese cliente puñetero o ese usuario final exigente al que le da por ver vuestro trabajo en su televisor HD y os dice con su voz más odiosa: «Pues en mi pantalla se ve todo muy pequeño y con mucho fondo por los lados…» ¿¡En serio!? ¿Quién ve las webs de artículos de lectura en sus televisores? La gente. La gente ve cualquier cosa en cualquier tipo de dispositivo porque para eso somos muchos, con demasiado tiempo y con multitud de formas de enfrentarnos a la misma sencilla y pequeña página web.

Lo ideal, en estos casos, sería ponerse a diseñar una nueva disposición para que nuestra web encajara también en pantallas «enormes» al igual que ya lo hace en las de las tabletas y las de los móviles… o, por qué no, contar con una ordenación de parrilla o cuadrícula al más puro estilo Pinterest, de manera que los elementos se agrupen de uno en uno, dos, tres o veinte dependiendo de cada pantalla. Pero muchas veces este tipo de presentación no es compatible con lo que necesitamos o con lo que nos han pedido y, si somos un poco rastreros, a ese usuario de antes le hubiéramos contestado: «¿Es que no sabes usar el zoom de tu navegador?» ¡Eureka!, ¿y si obligamos a la página a hacer zoom aunque el inútil de turno no sepa? Pues dicho y hecho.

Imagen que compara la vista entre la web sin zoom y con zoom
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Google ya no es ese amigo que te ayuda con los deberes, ahora es el matón de la clase

¿Os acordáis de cuando Google era sólo un buscador? Hacía sólo una cosa, buscar, pero lo hacía de maravilla. Los años, la expansión empresarial, los cambios de tendencias, la forma en la que nos relacionamos con nuestros dispositivos, sean móviles o fijos, han ido modelando un nuevo Google que, con la sonrisa por delante –que para eso está el marketing– nos ha ido vendiendo sus nuevos productos como la mejor de las alternativas a lo existente. Y en un principio sí era así, porque Gmail, con su giga de «gratis» que ofrecía entonces, encandilaba nuestras mentes entumecidas por culpa de los Hotmail, Mixmail, Terra, Telefónica o a saber.

Pero con el tiempo, ese amigo siempre dispuesto a ayudarnos que no quería ser malo, empezó a jugar con un boli vacío transformado en cerbatana y nos fue lanzando molestas bolitas de papel: que si únete a Google+, que si ahora en YouTube no se pueden usar alias, que si como no me haces caso converjo Google+ con Youtube, que si te cierro Google Reader que no me sale a cuenta… Y eso a nivel usuario, porque si te metías por detrás, queriendo destacar en lo que seguía siendo el principal motor de Google, su buscador, te desquiciabas cada vez que le daba por cambiar la forma en la que la maquinaria indexaba las webs para que aparecieran unas u otras más arriba, según los criterios del momento.

Por norma general, nunca me han molestado mucho los cambios en el algoritmo del buscador de Google, pues hace años creí entender que lo que perseguían desde la empresa, actualización tras actualización, era ofrecerle a las personas –a sus usuarios– los resultados más apropiados, de manera que si una web era honesta, hablaba de su actividad con franqueza, estaba al quite en las redes sociales, se mantenía al día… todo le vendría rodado con los resultados de búsqueda. Que hay técnicas específicas, sí; que se pueden pagar anuncios, también; que la lucha puede ser encarnizada, bueno… Allá se peleen las grandes empresas con grandes presupuestos, que los negocios locales con el trabajo día a día tienen bastante.

En su (supuesto) empeño de mostrar los resultados más relevantes para el usuario en sus búsquedas, Google da ahora un nuevo paso: Sin versión responsive desapareces el 21 de abril. Como suena, si tu web no está adaptada a móviles y tabletas, ciao ciao, be bye. Y bien mirado, oye, que sí, que me parece correcto que, si estás en un dispositivo móvil, te afinen la búsqueda con resultados que van a ser adecuados a tu pantalla y ligeros de carga. Pero como con todo, hay que fijarse en la letra pequeña. Y la letra pequeña de este movimiento por parte de Google dice que, para comprobar que tu web se adapta, des a GoogleBot la libertad de ver tu site como si fuera una persona, es decir, que si tienes restricciones para robots, que las vayas quitando, que la discriminación es fea y los robotos de las webs tienen su corazoncito.

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