(ésta no es una) Carta abierta a los Reyes Magos, versión 2013-2014

Si alguien sigue habitualmente este blog -toda una proeza por lo poco que lo actualizo-, quizá recuerde de otros años (con este hacen 3) que, por esta época, me da por escribir a sus majestades los Reyes Magos que tienen a bien traer presentes a los niños “creyentes” todos los 6 de enero. Generalmente utilizo esta misiva para desahogar todas mis penas tecnológicas sufridas a lo largo del año, para luego pedirles un poquito de comprensión para el usuario de a pie y alguna que otra mejora de cajón.

Este año podría quejarme de que Android no es TAN customizable como lo pintan, no al menos para el usuario torpón que de informática bien, pero ya de programación y cacharrero, no tanto. También podría quejarme de que a buenas horas mangas verdes, que ahora que me he quitado del iPhone, Apple va y se decide por incluir algunas de las demandas por las que llevaba protestando años, años que me llevaron a dejar de usar iOS y pasarme mi nuevo quebradero de cabeza llamado Android. Podéis volver al principio del párrafo y leerlo en bucle, os daréis cuenta de lo triste que ha sido mi año tecnológico.

Imagen ilustrativa, iconos de algunas redes sociales

También podría quejarme de las carencias en seguridad y privacidad de prácticamente todas las empresas que gestionan los servicios que usamos en Internet; de la de veces que me ha tocado cambiar de contraseña porque se han robado paquetes de datos entre los cuales a-lo-mejor se incluía mi usuario; de la de usuarios que ni recuerdo que tengo creados tras más de diez años en la red; de que las redes wifi abiertas y sin contraseña pueden ser un coladero de virus y de programas espías; de la paranoia que conlleva pensar que tus movimientos en internet están monitorizados, no sólo por que te hayan espiado sin consentimiento, sino porque nos gusta dar este consentimiento a cualquier red social con tal de que nos deje conectar y estar en la cresta de la ola tecnológica, que si no, eres un rancio que no tiene Whatsapp, ni chat de Facebook, ni la aplicación de moda del mes. Y venga a ceder nuestros datos y los de nuestra agenda de contactos… con lo que de nada o de bien poco sirve ser precavido, porque si tú no quieres dar tus datos, no te preocupes, que ya los buscan en las agendas de tus conocidos. Sí, esto pasa, pasa con los dos ejemplos citados ya, pasa con Line, pasa con Google, Twitter y LinkedIn; pasa con cualquier servicio que te pida acceso a tus contactos y, a veces, también con aquellos que no te lo piden pero que, igualmente, lo consiguen. Y da lo mismo que algunas de estas marcas tengan políticas de privacidad estrictas y que no compartan de corazón -concedámoles esa licencia- nuestros datos, da lo mismo porque, de un día para otro, llegan los de la Internet profunda, provocan un ataque épico como el que sufrió Sony hace un tiempo o Adobe este mismo año y nos pilla a nosotros en medio sin poder hacer nada. Expuestos.

Podría pedirles a los Reyes que solucionaran este caos de tecnología y seguridad. Pero, en el fondo, no son más que #problemasdemoderna, problemas de alguien que vive y trabaja conectada, de alguien que bravuconea en Twitter y farfulla en Facebook. Problemas que quedan en un tercer, cuarto o quinto plano cuando miras a la realidad de frente y no apartas la vista.

Imagen ilustrativa de una noticia sobre el Informe de la OCDE

Y la realidad es que España es el hazmerreír europeo en pruebas de conocimientos y comprensión porque la educación escolar es deficiente y en lugar de reforzar la enseñanza pública, se apuesta por la concertada y la privada. Yo… yo no tengo hijos, mi punto de vista está sesgado -seguro-, pero aboliría la escuela privada y/o concertada en lo que concierne a enseñanza básica obligatoria porque si no, la igualdad de oportunidades es un timo desde la base y porque separar a las nuevas generaciones desde el minuto cero entre los que no pagan (o pagan poco), los que pueden pagar algo y los que le compran la educación a sus hijos, no sólo crea castas sociales, sino que hace muy poco por la integración efectiva de culturas. Ocurre luego que, cuando los niños de entonces son los adultos del futuro, unos tienen prejuicios de los otros porque no se les concedió la oportunidad de estar juntos, de tratarse como iguales y de ver que ni la ropa de marca ni el color de la piel hacen a la persona, que a las personas las hace el entorno y que, cuanto menos ecléctico sea éste, más cerrado será uno y, cuanto mayor, más difícil le resultará abrir la mente. Vale, quizá esto no tenga mucho que ver con nuestros resultados en tontuna a nivel mundial, pero si la escuela pública fuera reforzada, si los profesores pudieran trabajar a gusto, si los que tienen dinero para gastárselo en estudios privados para sus hijos lo invirtieran en un fondo común para la educación de toda su región o de todo el país… si las cosas fueran de otra manera, quién sabe.

Por cierto, si queréis enseñar religión, podéis darles una pasada por todas las existentes, pero si no os da la gana, al menos habladles del Jesús revolucionario, del que echó a los mercaderes del templo por viciar la casa de su padre y recordadles a los niños que los Reyes -los mismos Reyes a los que van toda esta ristra de quejas- eran de tres culturas diferentes y que tenían un objetivo común, vamos, que trabajaban juntos para cumplirlo y lo hicieron. No tratéis a los niños como borregos que necesitan ser adoctrinados, ni les saquéis de excursión en esas horas para llenar cuota y fardar ante la burocracia eclesiástica, que eso es un bumerán y a la larga os devuelve… pésimos resultados en test internacionales.

La realidad también es que ha crecido pasmosamente el número de personas a las que les cuesta llegar a fin de mes pero se empeñan en decirnos que la inversión está llegando a España y que ya se ve la luz al final del túnel. ¿En serio? A ver, les concedo que 2014 sería mucho más trágico si, a estas alturas -¡después de 5 años de crisis!- nuestra mano de obra no se hubiera depreciado lo suficiente como para que ahora al de fuera le sea rentable invertir, pues, a fin de cuentas, alguien meterá dinero y generará puestos de trabajo… pero cómo para no hacerlo, si cobrando lo que vamos a cobrar les vamos a ser rentables, de lo contrario, ya se irán otra vez a mercados más precarios que les den más beneficios. Es la trampa de la globalización y, donde antes el mileurista era un pobre diablo, ahora será todo un señor y ¿eso es motivo de alegría? ¿En serio?

Comprenderéis que si cuesta llegar a fin de mes, pagar por la sanidad

Y no os hablo de la subida de la factura de la luz porque todavía estoy intentando entender el embolado de la deuda de las energéticas. Ni del tráfico de influencias, la corrupción y la malversación de fondos públicos porque hay TANTA punta que sacar que, si esta entrada ya de por sí os parece larga, no acabaría ni bien entrado el 2015.

Pero, como sea, supongo que todos estos asuntos y todas estas aproximaciones a la realidad tienen un punto en común que nos hace llegar a donde hemos venido a parar: nosotros mismos. Nosotros, que aún permitimos; nosotros, que adoramos la queja de salón; nosotros, que preferimos ver Sálvame, que salimos por millones a la calle para celebrar victorias de fútbol pero cuando se trata de nuestros derechos, somos muchos menos; nosotros, que dejamos que nos amordacen; nosotros, socialistas sólo de nombre; nosotros, conservadores anestesiados que curamos nuestro alma donando en catástrofes ajenas, pero hacemos oídos sordos a la agonía de los nuestros; nosotros que mientras no nos toque, ni nos importa, ni prevemos y que, cuando nos toca, nos quejamos amargamente pero seguimos adormecidos viendo la tele y cobrando el subsidio; nosotros, la clase media de la mentira, de mantener las apariencias, los que tenemos miedo a perder nuestra comodidad ficticia. La culpa es nuestra, nuestra por permitir que el rico sea más rico de forma deshonesta; nuestra por permitir que el pobre sea más pobre a consecuencia. Ganar dinero sirviéndote del esfuerzo de otros a los cuales recompensas por ello no es lo mismo que obtener beneficios a costa de tus empleados. Pero nosotros… Nosotros consentimos.

Así que este año mejor pido por nosotros, por nosotros mismos y porque nos cueste un poco menos mover el culo del asiento.

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