¿Os acordáis de cuando hablaba aquí de novedades tecnológicas?

Años atrás por estas fechas me solía tocar recopilación tecnológica y carta abierta a los Reyes Magos para que se portaran bien con las novedades que Google, Apple y otros nos depararan. Pero, como podéis observar por la ausencia de entradas, tengo el blog bastante parado. Se puede decir que hasta los gadgets y las nuevas apps me interesan menos porque paso de perder el tiempo en sus «curvas de aprendizaje». Llamadlo madurez, volverse vieja o p*ta tecnología que sólo sirve para tenernos traqueados y meternos publicidad.

Por ejemplo, hace nada salía en iTunes el esperadísimo Super Mario Run. Pasé más tiempo aceptando términos y condiciones que jugando y, tras un par de carreras, desinstalé la app. El fontanero bigotudo corre solo (de ahí el título, supongo) y tú que, como bien te recuerdan, puedes jugar a una sola mano (con la otra a saber qué tocas) te dedicas a hacerle saltar. ¡Toma diversión! Pues, qué queréis que os diga, NO.

Al hilo de Apple, no dejo de ver el anuncio del nuevo MacBook Pro. Se centran en el teclado porque dicen que han reinventado la forma de escribir gracias a la Touch Bar. No sé si reír o llorar. Mirando el precio de los bichos te puede dar por las dos cosas. Los de Cupertino son más ricos y guapos que yo, no lo pongo en duda, y seguro que son también menos reaccionarios y más visionarios. Con todo, mi reflexión es bien sencilla: El mismo año que deciden quitarle al iPhone el clásico puerto para los auriculares, ese mismo año (este mismo 2016 que se nos va) van y sacan al mercado un revolucionario MacBook con su barrita mágica de utilidades, con un puerto de esos clasicorros para auriculares (SÍ) pero sin entrada USB estándar a la que conectar el cable de serie de su mismísimo iPhone. ¡Viva! ¡Brava! ¡BRAVÍSSSSIMA! ¿¡Qué mentes tan brillantes están detrás de semejante estrategia de ventas!? Supongo que las mismas que quieren que te gastes otro sueldo más en accesorios para hacer compatibles tus pijadas entre ellas pese a ser de la misma compañía. Pero no te preocupes, que tu dinero está amortizado sólo con la diversión concentrada en esa Touch Bar: Primero Doom, después tocar el piano, ahora Pac-Man y los Lemmings, nuevos usos del Touch Bar (Soy de Mac, 13.dic.16) y eso sin contar los emojis que se ven en el anuncio del que os hablaba. Bien pensado creo que voy a llorar en lugar de reír.

Comparativa de los complementos iPhone7 Vs MacBook Pro
Contenido de la caja del iPhone 7 en comparación con las entradas disponibles para periféricos de los nuevos MacBook Pro de 2016

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A vueltas con las seguridad en las webs gubernamentales: Pago de tasas de la DGT

Captura de pantalla de una excepción de seguridad lanzada por Firefox

Captura de pantalla de una excepción de seguridad lanzada por Google ChromeCaptura de pantalla de una excepción de seguridad lanzada por Safari

Los certificados de confianza y los portales web gubernamentales están reñidos. Da igual con qué navegador lo intentes, ninguno confía en la seguridad implementada en dichas webs, ni en los certificados emitidos por la Fábrica Nacional Moneda y Timbre.

Vivimos en ese absurdo desde hace años y contamos con los dedos las ocasiones en las que hemos salido airosos de alguna gestión online con el Estado.

Añadir excepciones de seguridad se ha convertido en el pan nuestro de cada día y luego somos nosotros los que tenemos que andarnos con ojo y recalcar que usamos cookies a la par que debemos jurar que no trapicheamos con los datos de nuestros usuarios almacenándolos en servidores de asaberdónde (Safe Harbour).

Esta situación, ya de por sí penosa, se torna inquietante cuando te da por pensar que, como reza Google Chrome en su advertencia: Es posible que los piratas informáticos estén intentando robar tu información. ¿Por qué no? ¿Por qué no iban a meterse en medio, sabiendo que no necesitan certificado alguno ya que los oficiales no siempre funcionan? Pero lo peor es cuando, por tu trabajo, por necesidad y porque no hay otra, te toca tragarte toda esa falta de seguridad, dar tus datos bancarios, cruzar los dedos y esperar que la transacción que acabas de hacer haya sido para el Estado y no para otros piratas. Cof. Cof.

Todo esto viene a cuento de que esta semana me ha tocado lidiar (cliente mediante) con la compra de tasas en la web de la Dirección General de Tráfico (telita). Que funcionaba de aquella manera, pero funcionaba… Hasta que hace un par de semanas todos estos certificados de los que vengo hablando han cascado al punto de que, si se quiere hacer algo, además de liarse a añadir excepciones de seguridad, hay que forzar conexiones (más) inseguras (aún). Telita, telita.

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Google ya no es ese amigo que te ayuda con los deberes, ahora es el matón de la clase

¿Os acordáis de cuando Google era sólo un buscador? Hacía sólo una cosa, buscar, pero lo hacía de maravilla. Los años, la expansión empresarial, los cambios de tendencias, la forma en la que nos relacionamos con nuestros dispositivos, sean móviles o fijos, han ido modelando un nuevo Google que, con la sonrisa por delante –que para eso está el marketing– nos ha ido vendiendo sus nuevos productos como la mejor de las alternativas a lo existente. Y en un principio sí era así, porque Gmail, con su giga de «gratis» que ofrecía entonces, encandilaba nuestras mentes entumecidas por culpa de los Hotmail, Mixmail, Terra, Telefónica o a saber.

Pero con el tiempo, ese amigo siempre dispuesto a ayudarnos que no quería ser malo, empezó a jugar con un boli vacío transformado en cerbatana y nos fue lanzando molestas bolitas de papel: que si únete a Google+, que si ahora en YouTube no se pueden usar alias, que si como no me haces caso converjo Google+ con Youtube, que si te cierro Google Reader que no me sale a cuenta… Y eso a nivel usuario, porque si te metías por detrás, queriendo destacar en lo que seguía siendo el principal motor de Google, su buscador, te desquiciabas cada vez que le daba por cambiar la forma en la que la maquinaria indexaba las webs para que aparecieran unas u otras más arriba, según los criterios del momento.

Por norma general, nunca me han molestado mucho los cambios en el algoritmo del buscador de Google, pues hace años creí entender que lo que perseguían desde la empresa, actualización tras actualización, era ofrecerle a las personas –a sus usuarios– los resultados más apropiados, de manera que si una web era honesta, hablaba de su actividad con franqueza, estaba al quite en las redes sociales, se mantenía al día… todo le vendría rodado con los resultados de búsqueda. Que hay técnicas específicas, sí; que se pueden pagar anuncios, también; que la lucha puede ser encarnizada, bueno… Allá se peleen las grandes empresas con grandes presupuestos, que los negocios locales con el trabajo día a día tienen bastante.

En su (supuesto) empeño de mostrar los resultados más relevantes para el usuario en sus búsquedas, Google da ahora un nuevo paso: Sin versión responsive desapareces el 21 de abril. Como suena, si tu web no está adaptada a móviles y tabletas, ciao ciao, be bye. Y bien mirado, oye, que sí, que me parece correcto que, si estás en un dispositivo móvil, te afinen la búsqueda con resultados que van a ser adecuados a tu pantalla y ligeros de carga. Pero como con todo, hay que fijarse en la letra pequeña. Y la letra pequeña de este movimiento por parte de Google dice que, para comprobar que tu web se adapta, des a GoogleBot la libertad de ver tu site como si fuera una persona, es decir, que si tienes restricciones para robots, que las vayas quitando, que la discriminación es fea y los robotos de las webs tienen su corazoncito.

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