La odisea de encontrar una solución a tu problema en Google

Página de inicio de Google, imagen ilustrativa

Juraría que hubo un tiempo en el que yo tecleaba en Google las palabras exactas del error genérico del momento y el todopoderoso buscador me devolvía la tan ansiada solución. No recuerdo exactamente cuándo dejó esto de ser así -quizá por 2011, quizá antes- pero lo cierto es que llevo ya otro tanto de tiempo perdiendo el mío en búsquedas infructuosas plagadas de resultados basura y falsos amigos.

Página de inicio de Google, imagen ilustrativa
Página de inicio de Google

Puede que esto se deba a que, pasado por el filtro de la (mala) memoria, todo tiempo pretérito fue mejor. O puede que se deba a que yo antes supiera buscar y, con el paso de los años, la experiencia no me haya servido de nada porque las tecnologías han cambiado mientras yo me he empeñado en seguir trabajando a la antigu– No, espera. ¡Yo he cambiado con las malditas/benditas tecnologías! Malditas/benditas… depende del día. Hoy, por ejemplo, me inclino más por la primera opción; cuando puedo resolver un trámite a distancia, por la segunda; cuando para resolver ese trámite quemo teclado por errores e incompatibilidades, la primera. Así ad eternum, en un ciclo sin fin que lo envuelve todo y, aunque estemos solos, debemos buscar… y así encontrar… ¡Ojalá!

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Renovando el blog, despidiéndome de Blogger

Antes de nada, esto no es ni mucho menos un tutorial para migrar de Blogger a otra plataforma similar. Espero haberle ahorrado tiempo a más de uno, ¡volad! Para los demás que caéis (y aún permanecéis) por aquí si, por lo que sea, me seguís en Twitter quizá sepáis que Google lleva tocándome la moral un buen tiempo. No hace mucho que lo expresaba así en esa red social:

Como fuera, aquello me dio el impulso necesario para dejar de procrastinar el paso del está-bien-para-empezar Blogger al pero-si-vas-en-serio-necesitas WordPress.

Foto ilustrativa de la web de WordPress

Y aquí estoy, de una parte contenta con el cambio: con haber podido adaptar la estética del blog a la de la web (aunque haya que ir puliendo detalles). Pero de otra parte… De otra parte aterrada con la infinidad de variables que seguro se me escapan.
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(ésta no es una) Carta abierta a los Reyes Magos, versión 2013-2014

Si alguien sigue habitualmente este blog -toda una proeza por lo poco que lo actualizo-, quizá recuerde de otros años (con este hacen 3) que, por esta época, me da por escribir a sus majestades los Reyes Magos que tienen a bien traer presentes a los niños “creyentes” todos los 6 de enero. Generalmente utilizo esta misiva para desahogar todas mis penas tecnológicas sufridas a lo largo del año, para luego pedirles un poquito de comprensión para el usuario de a pie y alguna que otra mejora de cajón.

Este año podría quejarme de que Android no es TAN customizable como lo pintan, no al menos para el usuario torpón que de informática bien, pero ya de programación y cacharrero, no tanto. También podría quejarme de que a buenas horas mangas verdes, que ahora que me he quitado del iPhone, Apple va y se decide por incluir algunas de las demandas por las que llevaba protestando años, años que me llevaron a dejar de usar iOS y pasarme mi nuevo quebradero de cabeza llamado Android. Podéis volver al principio del párrafo y leerlo en bucle, os daréis cuenta de lo triste que ha sido mi año tecnológico.

Imagen ilustrativa, iconos de algunas redes sociales

También podría quejarme de las carencias en seguridad y privacidad de prácticamente todas las empresas que gestionan los servicios que usamos en Internet; de la de veces que me ha tocado cambiar de contraseña porque se han robado paquetes de datos entre los cuales a-lo-mejor se incluía mi usuario; de la de usuarios que ni recuerdo que tengo creados tras más de diez años en la red; de que las redes wifi abiertas y sin contraseña pueden ser un coladero de virus y de programas espías; de la paranoia que conlleva pensar que tus movimientos en internet están monitorizados, no sólo por que te hayan espiado sin consentimiento, sino porque nos gusta dar este consentimiento a cualquier red social con tal de que nos deje conectar y estar en la cresta de la ola tecnológica, que si no, eres un rancio que no tiene Whatsapp, ni chat de Facebook, ni la aplicación de moda del mes. Y venga a ceder nuestros datos y los de nuestra agenda de contactos… con lo que de nada o de bien poco sirve ser precavido, porque si tú no quieres dar tus datos, no te preocupes, que ya los buscan en las agendas de tus conocidos. Sí, esto pasa, pasa con los dos ejemplos citados ya, pasa con Line, pasa con Google, Twitter y LinkedIn; pasa con cualquier servicio que te pida acceso a tus contactos y, a veces, también con aquellos que no te lo piden pero que, igualmente, lo consiguen. Y da lo mismo que algunas de estas marcas tengan políticas de privacidad estrictas y que no compartan de corazón -concedámoles esa licencia- nuestros datos, da lo mismo porque, de un día para otro, llegan los de la Internet profunda, provocan un ataque épico como el que sufrió Sony hace un tiempo o Adobe este mismo año y nos pilla a nosotros en medio sin poder hacer nada. Expuestos.

Podría pedirles a los Reyes que solucionaran este caos de tecnología y seguridad. Pero, en el fondo, no son más que #problemasdemoderna, problemas de alguien que vive y trabaja conectada, de alguien que bravuconea en Twitter y farfulla en Facebook. Problemas que quedan en un tercer, cuarto o quinto plano cuando miras a la realidad de frente y no apartas la vista.
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