Tus datos personales en Internet, mezcla de descuido y mala gestión

Últimamente no paro de leer noticias sobre los abusos de Facebook, sobre cómo quieren vender nuestros datos a terceros y dejarnos al descubierto facilitando nuestra dirección y nuestro teléfono [ejemplo].

Bueno… es cierto que inquieta ver cómo pretenden lucrarse traficando con nuestros datos pero, no sé, ¿Mark Zuckerberg te está apuntando con una pistola, en este momento, para obligarte a compartir con todo el mundo dónde vives?

Si no quieres que se sepa, tan sencillo es como no contarlo. Si no deseas que se vendan tus datos, no escribas tu número de teléfono y deja en blanco el apartado de la dirección. Se puede hacer. Se debe hacer. Pero cada uno es libre de tener su muro como mejor le parezca y, si de alguna manera es tan necesario mantener esta información a la vista en Facebook, siempre se pueden crear grupos de contactos con los que sí quieres compartir esos datos, para privar a los que no quieras -compradores terceros incluidos- de poseerlos. Conviene echarle un ojo a los controles de privacidad de Facebook.

Otro tema es que después haya filtraciones, hackers y deslices que hagan que la compañía X acabe con las bases de datos a rebosar… pero esa es otra historia, por la cual, la primera opción -de no poner nada que no quieras que se sepa- es la más idónea. Aunque todo este asunto de Facebook lo tomaba yo, en realidad, como excusa para hablar de lo verdaderamente indignante sobre el caso de las divulgaciones de datos personales en Internet. O por lo menos sobre lo que a mí verdaderamente me indigna, que no es otra cosa que la trifulca en la que se ha metido la Agencia Española de Protección de Datos con Google.

El asunto lleva coleando unos meses ya [ejemplo] y nace de las quejas de varios ciudadanos acerca de que datos privados suyos estén alojados en Internet a la vista de cualquiera. La AEPD quiere que Google elimine de sus resultados de búsqueda estos datos. Google dice que nanai, que esa exclusión sería censura. Yo digo que si no sería más fácil borrar los datos en el origen o, no borrarlos, mejor aún, obligar a la gente a hacer bien su trabajo.

Hay diversos métodos por los cuales un buscador no puede acceder a un contenido específico de una página web, se me ocurre sin mucho pensar el «User-agent: * Disallow: /«. No me voy a poner ahora mismo a dar lecciones básicas de HTML, pero el que no haya entendido nada puede visitar la web robotstxt.org.

Lo triste es que, al caso, no estamos hablando de webs de pacotilla dedicadas a dios sabe qué en quién sabe dónde, estamos hablando de que estos ciudadanos se han quejado de webs dependientes del Estado o de los Gobiernos Autonómicos y Provinciales, así como de algún que otro medio de comunicación. Es decir, webs con medios para hacer controles de seguridad mejores y pertenecientes a entidades a las que se les presupone una preocupación fehaciente por la salvaguarda del derecho a la intimidad. Los primeros porque deben, los segundos porque es el pan suyo de cada día. Y sin embargo, ahí está, a la vista de todos.

Escribes tu DNI y si te han concedido una beca, una subvención, un crédito, un premio, si te presentaste a unas oposiciones o si te han puesto una multa, tienes muchas posibilidades de aparecer con nombres, apellidos y, en algunos casos, hasta con la última dirección conocida. Todo porque a nadie se le ocurrió que un buscador podría indexar ese apartado de la web del organismo que concede las ayudas Pepita Flores al mérito estudiantil. Y, claro, la culpa es de Google, por hacer bien su trabajo, y no de la entidad responsable de colgar los datos en Internet sin el menor control de acceso.

Volviendo al principio, Facebook me da la opción de rellenar o no mis datos personales, me da la opción hasta de cambiarme el nombre y, para colmo, va anunciando a bombo y platillo que quiere vender mis datos, por si todavía no los he borrado, para que vaya corriendo ha hacerlo. El Estado NO y mira que por una parte lo entiendo – tiene que tener un cierto control sobre los ciudadanos- pero una cosa es que Hacienda sepa donde mandarme las cartas y otra que, por por haber realizado un trámite, cualquiera me ubique en el mapa, con todos los riesgos que esto implica.

Espero que, con el paso de los años, igual que el ciudadano medio se familiariza cada vez más con Internet, los responsables de las webs públicas también ganen experiencia y aprendan de los errores…

[y que escriba yo esto en 2011 no nos deja precisamente a la cabeza en el uso de Internet]

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