Como si yo entendiera de bombas nucleares: Relato final

Sombra de una de las víctimas del bombardeo de Hiroshima

Ha sido un viaje curioso. De no tener nada que contar a soltar varias chapas sobre la cultura japonesa, como si yo entendiera de eso o de bombas nucleares. Pero hemos llegado al final. Tampoco nos podemos pasar media vida dándole vueltas. Se podrá arreglar algo, pero en algún momento hay que dejarlo ir y el momento ya está aquí.

Después de todas estas entradas con sus mini relatos incluidos, quizá debería hacer una encuesta para que votarais por vuestro favorito (que no tiene que ser necesariamente este final que viene ahora). Pero, siendo realista, estos tostones os los habréis tragado como mucho seis personas, así que me ahorro la escasez de votos y ya, si queréis, dejáis en los comentarios de esta última publicación el que más os ha gustado. Yo tengo mi preferido también, quizá algún día os lo diga. En fin, vamos al grano: El relato.

Anotaciones previas

Dejo de antemano varios enlaces de interés que podéis mirar ahora o después de haber leído el relato final. Uno, el primero, al folleto del Museo por la Paz de Chiran (un PDF en inglés en el que se recoge información sobre el museo y en el que aparecen cartas de soldados japoneses kamikazes a sus familias). Otro, el segundo, a un artículo de Magnet sobre cómo pretendía Japón hacer frente a la guerra en el Pacífico y, por supuesto, cómo soñaba ganarla. Os los enlazo más que nada para que los tengáis presentes como referentes. Aunque muchas veces me saco cosas de la manga, en otras ocasiones me agarro a datos reales lo bastante brutales de por sí como para andar adornándolos o intensificándolos innecesariamente. Podéis acercaros también a testimonios de los hibakusha, supervivientes a los bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki. Os digo de antemano que algunos de ellos le dan mil vueltas a mi relato o a cualquier historia parecida (el de Atsumu Kubo en concreto). Todo esto es la realidad pasando por encima de la ficción. Ahora os dejo con la ficción:

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Como si yo entendiera de bombas nucleares: Ejemplos prácticos III

Bombardero Enola Gay, encargado de lanzar la bomba nuclear sobre Hiroshima

Ahora tocaría hablar con el personaje, a ver qué tiene que decir del embolao en el que le he metido. Tras saber más o menos qué le va a pasar y haber definido por dónde se va a mover, mi protagonista y yo tenemos unas palabras.

Tercer punto de este proceso creativo: 
Hable con él

Cuando ya está el escenario claro y sé lo que va a ocurrir, me entretengo hablando con el personaje protagonista para conocer su forma de expresarse, su motivación. En este caso específico, como el relato transcurre en Japón, me amoldo mínimamente a sus artificios lingüísticos y en lugar de utilizar un apelativo genérico españolizado como «señor» tal o «señora» cual, recurro a los honoríficos japoneses (san, sama, kun, chan).

Niveles del lenguaje

Solo con atender a los honoríficos ya habría un mundo, porque no vale con escoger uno al azar: Los hay más formales (san, sama), para niños (chan, quizá el más conocido aquí), algo más intermedio para adolescentes o cargos inferiores (kun), para compañeros de trabajo (senpai) o sensei para profesores, doctores… En fin, de todo. Por cierto, sama no es el femenino de san, sama es un honorífico incluso más respetuoso.

Pero además (y reforzado por esto) veréis que hay dos niveles en el lenguaje del diálogo que lo hacen vertical: Uno del personaje a la autora (respeto extremo). Otro de la autora hacia su personaje (más neutro, menos formal). No se mantiene una conversación entre dos pares (ambos personajes aparecen distanciados), sería ilógico tratarlos por igual.

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Como si yo entendiera de bombas nucleares: Ejemplos prácticos II

Memorial de la paz, Hiroshima.

Ahora empieza lo bueno. Después de haber encontrado un tema del que hablar y haber escrito algo, podríais decir: Venga, pues ya tienes relato, deja de dar la murguita. Pero habíamos quedado que este blog era mío y yo hacía lo que quería con él. Así que sigo.

Segundo punto de este proceso creativo:
Profundizar en el contexto histórico

La idea de esta parte del proceso es tener lo más claro posible el escenario en el que se va a desarrollar el relato. ¿Habéis visto alguna vez un editor de videojuegos en el que podéis tomar el control de la cámara y pasearos por los mundos de un juego? Sin personajes, solo los mapas, la ambientación, los efectos de iluminación… Esto sería parecido.

Mi personaje

Decía en la primera entrega, que ahora tocaría hacerse una composición de lugar del personaje: familia, dónde aparece en la línea temporal, qué es de su vida… Esto no es parte del escenario en sí, pero ayuda a darle forma: Si yo sé que mi protagonista es un pescador que va de camino al trabajo, podré investigar cómo eran los puertos de pescadores en el momento y lugar históricos de mi relato. En este caso mi personaje es un simple oficinista padre de familia que debe acudir al banco antes de entrar a trabajar un lunes de agosto de 1945.

Os presento a su familia:

Árbol genealógico de la familia del protagonista.

Y esta es su línea temporal:

Línea temporal del personaje desde su nacimiento hasta su muerte el día de los bombardeos.

Tengo esto aquí pasado a limpio porque sí formó parte de un ejercicio del taller. No es necesario montarse este croquis cada vez que se vaya a contar algo. Se puede tener claro en la cabeza o garabatearlo en un papel. Se puede no pensar en ello también, pero cuanto más vaga sea la idea que tengamos, menos detalles podremos aportar y los detalles son primordiales para cargar de verosimilitud una historia. Por cierto, mirad las edades de los hijos, ¿dónde creéis que están en 1945?

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