Como si yo entendiera de bombas nucleares: Ejemplos prácticos III

Bombardero Enola Gay, encargado de lanzar la bomba nuclear sobre Hiroshima

Ahora tocaría hablar con el personaje, a ver qué tiene que decir del embolao en el que le he metido. Tras saber más o menos qué le va a pasar y haber definido por dónde se va a mover, mi protagonista y yo tenemos unas palabras.

Tercer punto de este proceso creativo: 
Hable con él

Cuando ya está el escenario claro y sé lo que va a ocurrir, me entretengo hablando con el personaje protagonista para conocer su forma de expresarse, su motivación. En este caso específico, como el relato transcurre en Japón, me amoldo mínimamente a sus artificios lingüísticos y en lugar de utilizar un apelativo genérico españolizado como «señor» tal o «señora» cual, recurro a los honoríficos japoneses (san, sama, kun, chan).

Niveles del lenguaje

Solo con atender a los honoríficos ya habría un mundo, porque no vale con escoger uno al azar: Los hay más formales (san, sama), para niños (chan, quizá el más conocido aquí), algo más intermedio para adolescentes o cargos inferiores (kun), para compañeros de trabajo (senpai) o sensei para profesores, doctores… En fin, de todo. Por cierto, sama no es el femenino de san, sama es un honorífico incluso más respetuoso.

Pero además (y reforzado por esto) veréis que hay dos niveles en el lenguaje del diálogo que lo hacen vertical: Uno del personaje a la autora (respeto extremo). Otro de la autora hacia su personaje (más neutro, menos formal). No se mantiene una conversación entre dos pares (ambos personajes aparecen distanciados), sería ilógico tratarlos por igual.

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Como si yo entendiera de bombas nucleares: Ejemplos prácticos II

Memorial de la paz, Hiroshima.

Ahora empieza lo bueno. Después de haber encontrado un tema del que hablar y haber escrito algo, podríais decir: Venga, pues ya tienes relato, deja de dar la murguita. Pero habíamos quedado que este blog era mío y yo hacía lo que quería con él. Así que sigo.

Segundo punto de este proceso creativo:
Profundizar en el contexto histórico

La idea de esta parte del proceso es tener lo más claro posible el escenario en el que se va a desarrollar el relato. ¿Habéis visto alguna vez un editor de videojuegos en el que podéis tomar el control de la cámara y pasearos por los mundos de un juego? Sin personajes, solo los mapas, la ambientación, los efectos de iluminación… Esto sería parecido.

Mi personaje

Decía en la primera entrega, que ahora tocaría hacerse una composición de lugar del personaje: familia, dónde aparece en la línea temporal, qué es de su vida… Esto no es parte del escenario en sí, pero ayuda a darle forma: Si yo sé que mi protagonista es un pescador que va de camino al trabajo, podré investigar cómo eran los puertos de pescadores en el momento y lugar históricos de mi relato. En este caso mi personaje es un simple oficinista padre de familia que debe acudir al banco antes de entrar a trabajar un lunes de agosto de 1945.

Os presento a su familia:

Árbol genealógico de la familia del protagonista.

Y esta es su línea temporal:

Línea temporal del personaje desde su nacimiento hasta su muerte el día de los bombardeos.

Tengo esto aquí pasado a limpio porque sí formó parte de un ejercicio del taller. No es necesario montarse este croquis cada vez que se vaya a contar algo. Se puede tener claro en la cabeza o garabatearlo en un papel. Se puede no pensar en ello también, pero cuanto más vaga sea la idea que tengamos, menos detalles podremos aportar y los detalles son primordiales para cargar de verosimilitud una historia. Por cierto, mirad las edades de los hijos, ¿dónde creéis que están en 1945?

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Como si yo entendiera de bombas nucleares: Ejemplos prácticos I

Imagen del evento de Tunguska, árboles caídos.

Hoy vamos a ver cómo se fabrica una bomba atómica casera. Comentaba hace unos días, que para este proceso creativo yo, que por norma general no tengo nada que contar, no parto de una idea estupenda a la que dar forma para asombrar al mundo. Yo, como no tengo nada que contar, primero tengo que buscar algo que contar y, como estamos trabajando en el contexto de un relato histórico, ese algo ha de ser historia.

Antes de seguir, una advertencia: Esto no es un resumen de las clases que he recibido, ni una guía detallada sobre cómo escribir, ni nada que se le parezca. Esto soy yo compartiendo mis saltos de idea en idea, en ocasiones sola y en ocasiones acompañada por los profesores.

Primer punto de este proceso creativo:
Encontrar algún evento histórico para contar algo al respecto

El hecho en sí o la época ahora mismo son lo de menos, cualquier punto de partida será válido ya que me dará material con el que empezar a trabajar. Me tiro a internet de cabeza y voy saltando de artículo en artículo, de página en página, hasta que algo llama mi atención: Una nueva teoría explicaría por qué nunca se han encontrado restos del objeto espacial que originó la explosión de Tunguska. De pronto imagino el panorama típico de aquel evento, árboles tumbados, kilómetros arrasados y, en el centro del desastre, mi mente coloca a un personaje. Un personaje que es imposible que sobreviviera a aquello. Vale, ya tenemos algo: Un ser intrascendente en medio de un acontecimiento histórico. Me pongo a escribir a ver qué es lo que sale y lo que sale es esto, en crudo:

# Tunguska 1908
Sabes que no eres especial cuando te sacude una oleada de calor repentino, un calor azul brillante, tan brillante como el sol pero azul, que se intensifica hasta que dejas de sentir y entonces ya no estás. Sabes que no eres especial porque te ha dado tiempo a trascender: El haz de luz ha durado apenas unos segundos, lo has visto aparecer, atravesarte y desaparecer contigo, y durante esos segundos has sido consciente hasta que tu cerebro ha hervido haciendo chop. Sabes que no eres especial porque todos morimos tarde o temprano y, cuando tu cerebro ha hecho chop, tú has muerto. Por eso sabes que no eres especial. No eres más especial que el que muere rodeado por sus seres queridos. Ni menos que aquel que lo hace en una guerra. No confundes legado y lágrimas con dejar de existir porque sabes de sobra que no eres especial. Porque especial no es que te recuerden más o menos, especial hubiera sido sobrevivir. Ahora ya has dejado de no ser especial, ahora eres cenizas y puedes volar.

Varias cosas: Esta primera escritura me deja un personaje con su conflicto (la consciencia)* y un relato con su tema (la intrascendencia).** Para no tener nada que contar ya es algo de peso. Pero en el fondo es un texto muy poco concreto y además, si me pongo tiquismiquis con el contexto histórico, sería poco verídico: No se conocen víctimas mortales inmediatas del extraño evento de Tunguska. Sí hubo algunos heridos a más de cuatrocientos kilómetros de distancia por la onda expansiva y bastantes nativos muertos en los sucesivos años por efectos de la radiación. De modo que este texto no iría del hecho histórico en sí, aunque lo utilizaría. Este texto iría solo de nuestra intrascendencia. Otra cosa es que resulte verosímil, que por ahí podría colar, pero no me convence…

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