El peor escritor del mundo

Una Olivetti aguamarina

Seguramente hayas acabado aquí confundida (o confundido, pero como no soy de las que repiten el masculino y femenino, ponga el género que ponga, tú entiéndelo como neutro y hala, sin más dramas. Tampoco voy a remarcar esa neutralidad con acabados afrancesados o incógnitas matemáticas, que bastante tengo con escribir enrevesado como para complicarlo más con letras fuera de sitio). Si eres lector habitual (¿tengo de eso?) o visita de paso en busca de ayuda (de esto sí que sí), lo mismo da, ni esta entrada es habitual ni te va a ayudar. Lo siento. Pero me parecía una deshonra para este año acabarlo sólo (con tilde, porque a veces me agarra la vena conservadora) con una única actualización (desactualizada a estas alturas).  Así que he decidido excusarme. Con esto me entretengo ahora (con las excusas no, con lo que sigue). Con relatos.

Como este blog no nació con vocación de contener mi verborrea literaria (nótese el doble sentido, a veces hago esas cosas inconscientemente) sino más bien con la intención de compartir algunos consejos, trucos o descubrimientos tecnológicos (barra) informáticos (barra) lo que fuera, pues no he dado la tabarra con esta otra faceta (aunque algo se ha colado). Pero ahora que no actualizo, pues tiro de lo que tengo más a mano. Así que suelto esto aquí, que no voy a vivir de ello, que me define, que me excusa. Y quizá le sigan otros o quizá no.

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De qué os hablo yo ahora… Pues de la odisea de renovar el certificado digital, por ejemplo

Pasan meses entre entrada y entrada porque una está a otras cosas. A veces esas cosas coinciden con temas que podrían ser tratados aquí. Otras, no. Las más, no. En ocasiones, ni de lejos. Las que sí, generalmente acaban en mensajes de WhatsApp para conocidos directos o en otros blogs a los que les tocan más de cerca. Un día, esa una entra aquí y se pregunta «de qué os hablo yo ahora». Un párrafo de vagas explicaciones más abajo repite la pregunta para rellenar. Llegamos al presente. Usted está aquí. Pero en esto que usted está, esa una se acuerda de que le tocaba renovar el certificado digital de persona física y qué raro, ¿no?, parece que esta vez no han mandado el correo recordatorio… Rebusca en el correo. No, no, que no está. Rebusca en SPAM (nunca se sabe). Nada. Venga, pues vayamos directamente a la web de la FNMT. Continuar leyendo «De qué os hablo yo ahora… Pues de la odisea de renovar el certificado digital, por ejemplo»