Hiroshima otra vez, cuando ya quedó claro que yo no entendía de bombas nucleares

Imagen del monumento de la paz en Hiroshima durante la floración del cerezo.

Todos mis textos están inacabados. No os voy a decir eso de «en constante evolución», porque parecería que tienen vida propia. No es la idea. Esto es algo más personal, más íntimo. Para muestra, hoy retomo la «saga» de una sombra en Hiroshima.

Todos mis textos son susceptibles de cambios. Si en algún momento dejo de volver a ellos, si dejo de darles vueltas, es porque hay otros que me llaman más, porque oscilo entre proyectos nuevos, épocas de bajona o falta de motivación. Algunos son directamente tan infumables que no merecen mucho por mi parte. Otros, hace tanto tiempo que los escribí por primera vez que ya marcan una época y retomarlos sería profanarlos. Pero terminados no están. Perfectos, nunca. Reposando, puede. Terminados, no. Aceptables, quizá. Revisables, también. Inacabados, siempre. Es lo bueno de no publicar (porque copiar y pegar en un blog no es publicar, aquí lo mismo puedo hacer que deshacer).

Os cuento todo esto porque he vuelto a matar al pobre Hikaru. Esta vez le he desposeído hasta de su nombre.

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Cosas que hice en 2020

Dos cuadros colgados en la pared de mi salón.

Es la época de los resúmenes anuales, las listas y los buenos deseos. El año pasado, por ejemplo, hice una recopilación de las series que había visto. Este año, con sus rarezas, la amplío a todo lo que recuerde. A saber…

En 2020 he pasado varios confinamientos, cómo no: domiciliario (marzo-mayo), municipal (octubre-diciembre), emocional (nonstop).

También en 2020 he hecho una mudanza, me he casado y nos hemos propuesto ser madres. Que así dicho suena grande, pero la realidad atiende a otros lances. Si no lo sabíais es normal, no lo sabe casi nadie. ¡Sed bienvenidos y no lo toméis a mal!

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Describiendo imágenes, creando historias

Fotografía de un cuaderno de escritura con una foto pegada en sus hojas de dos señoras y una mula.

Hoy en «Cómo colaros otro relato mío antiguo», os voy a hablar de un recurso ligerito de la escritura creativa: Escribir a partir de una imagen. ¿Que no tienes nada que contarle a la gente pero aun así quieres dedicarte a la escritura? ¡Bienvenida al club!… Ah, no, perdón, no era eso: ¡Sin problema! (ahora sí). Pilla una foto cuqui y lánzate a anotar todo lo que te sugiera: ¿Quiénes son los de la foto? ¿Qué hacen? ¿Para qué hacen lo que hacen? ¿Cómo han llegado ahí?… ¿¡Cómo que no hay nadie y solo ves nubes!? ¿Y no te inspiran? Pues no sé, chica, busca otra imagen con más chicha. Será por fotos en Internet.

Escribiendo a partir de una imagen

Sin ponerme estupendísima yo ahora exaltando la plasticidad de la écfrasis en el arte (hay artículos por ahí explicados por gente entendida), me voy mejor por lo sencillo: En mi caso se trata siempre de quitarme de encima el bloqueo del escritor. Para esto hay infinidad de ideas, juegos y prácticas. Pero una de mis favoritas, porque me gusta fantasear, es tomar como punto de partida una fotografía ajena e imaginarle posibilidades. Así, de esta imagen, surgió el relato breve que le sigue. Sin más trascendencia.

Desconozco el autor, el lugar y la fecha. Lo siento. No sé ni quiénes son ellas, pero igualmente les doy mil gracias por «No es mentira».
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